El teatro como un juego:
Se puede decir que desde pequeños estamos involucrados en ese mundo mágico llamado teatro, porque de niños somos pequeños actores que se meten en una situación irreal creyendo de verdad que la están viviendo, jugamos a ser doctores, maestros, vendedores, policías, y eso es el teatro, la actuación real de una situación irreal.Vienen a mi mente miles de juegos que disfrutaba siendo una niña, me acuerdo que me encantaba jugar con mis hermanas a que yo era la dueña de una mansión en los Estados Unidos, que tenía como catorce hijos, entre ellos una joven que tenía una discapacidad motora, además de que tenía bajo mi mando a miles de sirvientes, los que me respetaban y me querían por ser una ama caritativa y buena, cómo me encantaba jugar a que yo era la señora Wardimon, me lleno de nostalgia cuando vienen a mi memoria aquellos bellos momentos de mi infancia, recuerdo que interpretaba distintos personajes y cada uno tenía una postura y voz diferente; por eso es tan cierto lo que en alguna ocasión escuché de un profesor de actuación: los niños son verdaderos actores, no cabe la menor duda, se entregan al máximo a sus personajes, sin miedo a ser juzgados. Con esos juegos yo desarrollaba mi imaginación, no había tanta televisión y a penas empezaban a salir los juegos de video, por lo que la creatividad era más estimulada, por esto es que en ocasiones voy en contra de esos aparatos que lo que hacen es entorpecer el desarrollo intelectual del ser humano. El teatro en sí es un juego, por desgracia ese contacto directo con la dramatización se va perdiendo con los años; conforme vamos creciendo, miles de prejuicios nos invaden la cabeza, por lo que dejamos de lado la mágica experiencia teatral y nos cuesta más jugar. Si cuando actuáramos realmente fuéramos como niños, el resultado sería muy satisfactorio.El teatro como terapia:
El teatro es un arte mágico, porque cada vez que encarnamos a un personaje, el escenario se transforma por completo, las vidas de los que están en escena se invaden de emociones, sentimientos y éstas provocan que todo el ruido mental que traemos de afuera desaparezca.Es increíble como el teatro se convierte en una terapia, en una medicina, miles de veces he entrado al salón de ensayos con un fuerte dolor de cabeza o con una gripe fuerte y apenas inicio el contacto dramático, todas las molestias desaparecen, haciendo que me pueda desempeñar sin tener ninguna incomodidad física o mental. Esto me hace pensar que muchas veces los dolores físicos son mentales, porque es cuestión de concentrarse en algo de nuestro agrado, para que esta molestia se desvanezca casi por completo.
El teatro es un arte mágico, porque cada vez que encarnamos a un personaje, el escenario se transforma por completo, las vidas de los que están en escena se invaden de emociones, sentimientos y éstas provocan que todo el ruido mental que traemos de afuera desaparezca.Es increíble como el teatro se convierte en una terapia, en una medicina, miles de veces he entrado al salón de ensayos con un fuerte dolor de cabeza o con una gripe fuerte y apenas inicio el contacto dramático, todas las molestias desaparecen, haciendo que me pueda desempeñar sin tener ninguna incomodidad física o mental. Esto me hace pensar que muchas veces los dolores físicos son mentales, porque es cuestión de concentrarse en algo de nuestro agrado, para que esta molestia se desvanezca casi por completo.El teatro como psicólogo:
Yo actualmente digo que mi vida se divide en dos partes: mi vida antes del teatro y después del teatro. Es cierto, antes de iniciar esta hermosa experiencia, mis inquietudes, limitantes, frustraciones, miedos, eran muchos. Incluso mucha gente puso en duda mi capacidad para actuar debido a mi timidez. Muchas frases me frenaban a tomar la decisión de experimentar en este arte: “¿Pero cómo vas a estudiar teatro si con costos hablás, cómo vas a hacer para hablarle a un público?” “Uy, pero usted no va a poder, con su timidez, no creo que pueda”. Pues toda esa gente no tenía idea de lo que era el teatro, yo con mi timidez, mi inseguridad, mis temores, me lancé a la aventura, por dicha cerré los oídos a dichos comentarios y decidí arriesgarme a esa locura, de la cual no quiero salir nunca. El teatro ha sido para mí, aunque suene extraño, un psicólogo, porque en él he encontrado libertad para hacer lo que yo quiera, me ha quitado el miedo para hablar, para opinar, no sé cómo, pero en la actualidad hasta mi paso es diferente, con una mirada más hacia el frente y menos hacia abajo; y sé que la mayoría de personas que han tenido el agrado de participar en las artes dramáticas opinan lo mismo que yo.