Es increíble la magia que se vive detrás del escenario durante un función, así como todo lo que implica la preparación para que se lleve a cabo una obra de teatro. Desde que uno llega al teatro la magia empieza a fluir; llegar al camerino, alistar todo lo necesario: la utilería, el maquillaje, vestuario, escenografía; cada elemento en su lugar, friamente calculado. Que todo esté colocado en el sitio adecuado.
Es tan interesente la sensación al ver un camerino antes de que empiece la función, todo bien puesto, en el punto exacto para ser utilizado por cada actor.
A mí, en lo personal, es una de las cosas que más me gusta a la hora de presentar una obra teatral, el momento de la preparación, habrán personas que pensarán que esa parte es la más aburrida y tediosa por convertirse casi que en una rutina, pero para mí es todo lo contrario, es un relax, un espacio tranquilo para comunicarme con el entorno, con los "fantasmas" escénicos. Yo disfruto al máximo esa parte, ver el escenario vacío al llegar y empezar a llenarlo con los elementos; ver el vestuario vacío, sin la carne del personaje; sacar el maquillaje de un cajón; empezar a convertir al actor o actriz en el personaje que dará vida a una situación irreal, que el público sentirá tan real como la vid
a.
Luego, la espera detrás del telón, los minutos avanzan, los actores y actrices esperan ansiosos el momento indicado para empezar, calientan, se relajan, estiran sus articulaciones, preparan su voz, su mente, su subconsciente. El jefe de sala llega a avisar que abrirán la puerta al público, en ese momento se escuchan las voces de las personas que ingresan a la sala, los actores escuchan y tratan de no distraerse, pero es un poco difícil, en el fondo desean calcular el número de personas que hay dentro. De pronto, se escucha la voz en off indicando la tercera llamada, en segundos dará inico la función. Los actores están en sus posiciones, cada uno tiene su lugar, su espacio, algunos entrarán en lo oscuro, algunos otros entrarán en otro momento; ellos tienen muy claro en qué momento les toca entrar. La música empieza a sonar, la sala está en total oscuridad y ahora sí, empieza la función. Los actores entran en la oscuridad del escenario y se colocan antes de que la luz haga su presencia.
Todo este rato previo al inicio, es un momento increible, rico en sensaciones y ansiedad, no se puede describir la sensación de estar detrás del telón esperando a que dé inicio la función. Es interesante la energía que fluye durante todo el rato; las entradas y salidas de a
ctores, que se comunican con miradas cuando están fallando o cuando tienen que darse alguna indicación, todos corren, tienen todos sus movimientos calculados, salen, entran con elementos de utilería, a veces tropiezan, en ocasiones se estresan por temer a no cumplir con los tiempos, pero siempre es una experiencia nutritiva para el actor. Es una vivencia mágica, no cabe la menor duda.
Al terminar la función se siente una satisfacción por haber sostenido las situaciones durante todo el rato.
Es tan interesente la sensación al ver un camerino antes de que empiece la función, todo bien puesto, en el punto exacto para ser utilizado por cada actor.
A mí, en lo personal, es una de las cosas que más me gusta a la hora de presentar una obra teatral, el momento de la preparación, habrán personas que pensarán que esa parte es la más aburrida y tediosa por convertirse casi que en una rutina, pero para mí es todo lo contrario, es un relax, un espacio tranquilo para comunicarme con el entorno, con los "fantasmas" escénicos. Yo disfruto al máximo esa parte, ver el escenario vacío al llegar y empezar a llenarlo con los elementos; ver el vestuario vacío, sin la carne del personaje; sacar el maquillaje de un cajón; empezar a convertir al actor o actriz en el personaje que dará vida a una situación irreal, que el público sentirá tan real como la vid
a.Luego, la espera detrás del telón, los minutos avanzan, los actores y actrices esperan ansiosos el momento indicado para empezar, calientan, se relajan, estiran sus articulaciones, preparan su voz, su mente, su subconsciente. El jefe de sala llega a avisar que abrirán la puerta al público, en ese momento se escuchan las voces de las personas que ingresan a la sala, los actores escuchan y tratan de no distraerse, pero es un poco difícil, en el fondo desean calcular el número de personas que hay dentro. De pronto, se escucha la voz en off indicando la tercera llamada, en segundos dará inico la función. Los actores están en sus posiciones, cada uno tiene su lugar, su espacio, algunos entrarán en lo oscuro, algunos otros entrarán en otro momento; ellos tienen muy claro en qué momento les toca entrar. La música empieza a sonar, la sala está en total oscuridad y ahora sí, empieza la función. Los actores entran en la oscuridad del escenario y se colocan antes de que la luz haga su presencia.
Todo este rato previo al inicio, es un momento increible, rico en sensaciones y ansiedad, no se puede describir la sensación de estar detrás del telón esperando a que dé inicio la función. Es interesante la energía que fluye durante todo el rato; las entradas y salidas de a
ctores, que se comunican con miradas cuando están fallando o cuando tienen que darse alguna indicación, todos corren, tienen todos sus movimientos calculados, salen, entran con elementos de utilería, a veces tropiezan, en ocasiones se estresan por temer a no cumplir con los tiempos, pero siempre es una experiencia nutritiva para el actor. Es una vivencia mágica, no cabe la menor duda.Al terminar la función se siente una satisfacción por haber sostenido las situaciones durante todo el rato.
Todos los actores están exhaustos, pero no es un cansancio molesto, al contrario, es un cansancio delicisioso, exquisito. El camerino y los bastidores quedaron desordenados, es hora de quitar lo que quedó mal puesto, para que al otro día no cueste reacomodar la utilería y los elementos escénicos.
Esto es un poco de lo que se vive detrás del telón antes, durante y después de una función, es una experiencia difícil de describir, pero se difruta al máximo y cada detalle se convierte en un aliento para querer seguir actuando.
Esto es un poco de lo que se vive detrás del telón antes, durante y después de una función, es una experiencia difícil de describir, pero se difruta al máximo y cada detalle se convierte en un aliento para querer seguir actuando.