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San José, Costa Rica
Publicista, cantante, actriz. Estudiante de Enseñanza de la Música UCR
Este blog está dedicado a todos aquéllos, amantes del arte, no tenés que ser actor, músico, bailarín, pintor, simplemente admirar la belleza, la estética del mundo que nos rodea y tener una sed de conocimiento hacia ella.

miércoles, 14 de julio de 2010

MI VIDA EN LA MÚSICA


Desde pequeña he estado inmersa en ese mundo fantástico llamado Música. Desde que mi madre estaba embarazada de mí, ella me cuenta que mi padre tocaba el piano, alguna de sus típicas sonatas de Liszt o Chopin y mi madre se instalaba al lado, colocando su estómago a la par del teclado del melodioso instrumento.
Recuerdo mis primeros contactos corporales con la música, fueron a los 5 años, con el piano, recuerdo cuando mi padre me pedía que iniciáramos la clase, tenía facilidad para aprenderme las piezas, pero debo reconocer que nunca hubo un énfasis en la lectura musical, lo cual ha repercutido en mis estudios actualmente.
Puedo trasladarme a ese momento, la casa callada, mi madre alzando a mi única hermana hasta ese momento, Sofía.
Recuerdo que las primeras canciones que conocí fueron las del 1er método de Michael Aaron, todas en do mayor, obviamente, mi mano pequeña no podía trasladar los dedos por las notas negras. Me acuerdo del Grillo Cantor, hacía algo como así: do, mi, sol, fa, mi re, do, la, sol, re, si, sol, mi, do, sol, esa fue la primera canción que pude tocar pequeña, a la edad de 5 años.
Todo viene de herencia, mi abuelo, un excelente pianista, co-fundador del Conservatorio de Música, hoy actual Escuela de Artes Musicales de la UCR, una de las más importantes casas musicales de Costa Rica. La música en mi familia paterna siempre fue un requisito importante para el orgullo; mi bisabuelo inculcó ese arte en mi abuelo Miguel Ángel, mi abuelo en mi padre y mi padre en mí.
Pero es que no únicamente tuve contacto con ese hermoso arte por parte del piano, sino que mi abuela paterna, quien fue maestra de música de preescolar, nos motivaba a cantar, a realizar pequeñas presentaciones con hermosa música que ella conocía, la mayoría eran extractos de zarzuelas españolas que no sé de dónde aprendía mi abuelita y ella emocionada hacía un pequeño montaje con todos los nietos, que en ese entonces éramos siete: Irene, Leonor, Esteban, Matthías, Christian, Sebastián y yo, mis hermanas Sofía y Beatriz eran muy pequeñas, por eso no podían participar. Éramos siete niños obedientes ante las indicaciones de mi abuela, quien nos preparaba para presentar el producto final ante la familia, que se conmovía con la creatividad impuesta por mi abuela. Claro, en ese tiempo, todavía no daba sus luces de aparición la televisión por cable, y los video juegos no eran una afición todavía, por eso, es que los niños no teníamos distractores y sacábamos buen rato para ensayar y divertirnos probándonos los trajes que nuestra abuela nos diseñaba con emoción.
Fue una época hermosa, llena de ilusiones, risas, abrazos, juegos. En navidad también pasábamos momentos gratos, cuando íbamos de casa en casa tocando puertas y cantando villancicos que también nuestra abuelita nos enseñaba. Era muy estricta, me acuerdo que se enojaba si desafinábamos y además nos prohibía cantar por la nariz, era para ella una falta de glamour que el sonido saliera nasal, me acuerdo su gesto para corregirnos.
A veces desearía regresar el tiempo y volver a vivir eso de nuevo, además sería la oportunidad para ver de nuevo a mi abuelo, que ya no está con nosotros.
A veces siento el deseo de ser niña otra vez, para tener esas ilusiones otra vez, es que uno en la adultez pierde esas ansias, o se transforman, no sé cómo decirlo, pero hay momentos en que me gustaría jugar; reír como niña, hacer las cosas con esa pasión con la que lo hacen los pequeños.
Tantas cosas que aprendí de niña y que disfruté, tantos juegos que conocí y que me hacían divertirme sanamente.
Quisiera regresar a la niñez, pero de aquel tiempo, donde podíamos ir todos los primos a jugar al Parque Nacional, no había ninguna clase de peligro, podíamos cruzar calles con tranquilidad porque no habían tantos carros en la calle, podíamos quedarnos hasta la noche jugando ahí en el parque porque no nos pasaba nada. Ahora los niños tienen que quedarse encerrados en sus casas porque afuera sólo predomina el peligro.
Todo este ambiente sano y lleno de inocencia apoyaba para que mi cerebro estuviera abierto a recibir el arte que se nos inculcaba.
Nuestro abuelo, siempre protector y preocupado por nuestra buena educación, sólo quería lo mejor para nosotros. Recuerdo que para él la única música que valía la pena y que debía existir en el mundo era la música Clásica; detestaba que sus nietos escucharan rock o pop, o cualquier otro tipo de género musical, entonces cuando él estaba cerca había que esconder cualquier evidencia, para que no tuviera ningún disgusto. Otra cosa que no toleraba era que en su querido piano alguien llegara a tocar una melodía pagana, era un sacrilegio que alguien osara ensuciar las teclas del piano con algo que no fuera digno de él, para mi abuelo, el piano era sagrado.
Tantas anécdotas y recuerdos que tengo de mi vida pequeña y la música.
Gracias a ese contacto es que ya adulta, con una carrera hecha, casada, ya independiente en cierto sentido es que decidí estudiar lo que me gusta y apasiona; música. Al principio fue un poco extraño, volver a la Universidad 8 años después de haber salido. Todos mis compañeros, jóvenes de 18, 19 años, que a penas empiezan a vivir la experiencia; me sentía como una veterana, me consolaba un poco el hecho de ver alguno que otro que era mayor o de mi misma edad, pero confieso que la mayoría eran mucho menores que yo. Pero ese asunto ya lo superé, la verdad es divertido convivir con gente fresca.
Ha sido una hermosa experiencia el estar de nuevo en contacto con mi arte, pero ahora más, porque tengo que estudiarlo seriamente, ya no es un pasatiempo, como lo era antes, ahora es mi arma para el trabajo, para mi futuro, para mi vida.

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